Ricardo Omar Sapag

Ricardo Omar Sapag; “Caito” para su familia, “Virulana” y “Tata” para sus compañeros, de Neuquén, es ejecutado en Buenos Aires el 30/06/77. Tenía 24 años y fue fusilado en un supuesto enfrentamiento con las fuerzas represivas en Florencio Varela (provincia de Buenos Aires), en el km. 12 de la ruta nacional N° 2. Era Jefe de la Sección de Combate “Tito Taverna” del Ejército Montonero con jurisdicción en los distritos de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela. Fue enterrado como N. N. en el cementerio de La Plata. Hermano de Enrique Horacio Sapag e hijo del ex gobernador neuquino Felipe Sapag.

Había pasado a la clandestinidad el 10/12/75 cuando a las 7:35 de la mañana los pelotones montoneros de combate “Juan Beláustegui” y “Miguel A. Bustos” intentaron detener al Brigadier Mayor Alí Luis Ypres Corbat, Comandante de Operaciones de la Fuerza Aérea, para ser sometido a juicio revolucionario por su participación personal y la orgánica de la institución militar a la cual pertenece, en la represión contra el pueblo. El Brigadier se resistió y quedo gravemente herido, al igual que su chofer.

“Caito” dejó una carta pública a sus padres y hermanos: “Para que ustedes puedan entender mi actitud de asumir la lucha armada, deben remontarse a los innumerables esfuerzos que hemos hecho para reencauzar este proceso. Nosotros, el auténtico peronismo, fuimos anunciando la traición enquistada en el Movimiento y en el gobierno desde antes de la muerte del general Perón, fuimos los primeros en desenmascarar a López Rega, en exigir la democratización del Movimiento y democracia sindical. Fuimos también los que constantemente señalamos, que para lograr la pacificación nacional, había que terminar con la más terrible de las violencias, la que sufre todos los días el pueblo: el hambre, la miseria, la desocupación, la falta de atención médica. Dijimos que esta violencia era la que originaba la justa respuesta de los de abajo, al no encontrar otro modo de defender sus intereses. Pero nada de esto ocurrió. No sólo no hemos sido escuchados, sino que además el gobierno de las Fuerzas Armadas intenta silenciar los justos reclamos populares usando mayor violencia. Cientos de muertos, miles de torturados y encarcelados fue la respuesta. (...) La alternativa es clara: o se opta por la liberación, se impulsa una política económica basada en la justa redistribución de la riqueza, se elimina la desocupación y las causas que originan el hambre y la miseria, se acaba el poder político y económico del capital extranjero en el país y existe libertad para que el pueblo se exprese sin proscripciones, o el pueblo aplastará inexorablemente a sus enemigos, aunque le cueste la vida de sus mejores hijos. Esta es la situación de nuestra patria. Yo tengo una gran pena porque esta crisis ha llegado a nuestra familia, tengo una gran pena, porque usted, Papá, lo quiera o no, está gobernando con los enemigos del pueblo (...) pero al mismo tiempo no puedo negar que tengo también una tremenda alegría; la de ser leal con mi otra gran familia que es el pueblo. ¡Perón o Muerte! ¡Viva la Patria!”.


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